Si no fuera artista visual, me hubiese gustado ser bailarina.

 

En mi obra intento representar las fuerzas pulsionales inherentes al ser humano: el binomio amor- muerte y las tensiones que de él acaecen. Manifiesto con un lenguaje más bien minimalista, esa violencia que muchas veces aparece solapadamente en pequeñas acciones sutiles o en los planes más macabros, pero también aquella que es tan necesaria para generar fuerza y movimiento para vivir. Es en esta contradicción donde anclo mi trabajo, donde las energías que se oponen también se atraen mutuamente, generando consecuentemente una posible muerte. Si bien mi línea de trabajo estuvo desde los comienzos relacionada con un interés social, en el proceso de mi investigación pasé desde lo figurativo a lo abstracto, sintiéndome muy a gusto con los resultados de este último a nivel estético. Pero no fue hasta que pude unir lo abstracto con lo simbólico, que encontré mi modo (aunque sea por ahora) de manifestarme. Poner en palabras lo que pretendo decir no me resulta fácil, no me gusta, no soy buena sintetizando y lo que tengo que decir se me termina escapando y digo la mitad de las cosas; supongo que por eso elijo este medio. Trabajo intencionadamente con el tópico de las pulsiones y la violencia desde hace tres años. Creo que por el amor que le tengo a la vida es que no puedo dejar de ver la no- vida, y la violencia mal utilizada.

 

Fue gracias a los estudios de Sigmund Freud, que pude poner en palabras esto que observaba;

Si bien no busco crear un paralelo con el psicoanálisis, no puedo negar la relación directa con el mismo.

En cuanto a lo visual, no tengo un referente directo, pero sí artistas que indudablemente me marcaron, ya sea por su producción, por su idea o ambas. Van Gogh, León Ferrari, Enio Iommi, Gego o Louise Bourgeois, son solo algunos a los cuales les debo la formación lenta e inconciente, de mi producción.

 

Quisiera agregar, que el disfrute de la vida para mí tiene que ver con la interacción respetuosa y sensible entre las personas, y a su vez, la interacción de estas con el medio que nos rodea. Personalmente, mi hijo y mi compañero, familia y amigos son los que le dan el sentido a mi vida y gracias a ellos puedo disfrutar de mis pasiones: el arte, la danza, el hogar, las mañanas, la comida compartida, las discusiones y debates, el sol y el tiempo libre.

 

 

 

 

 

Bailaba todo el tiempo, en cualquier lugar, sin importarme o sin conciencia quizás de las esperables conductas culturales. En el recreo los chicos pateaban una pelota, y yo bailaba. Pero en otros momentos, tal vez aceptando con cierta resignación la imposibilidad de bailar, tal vez no, dibujaba, pintaba, y hasta cambiaba los muebles de lugar buscando un algo, probablemente una estética. No tuve la suerte prematura de encontrar en la escuela, o en algún otro lugar, una persona que me ayudase a descubrir el mundo de las artes visuales, es decir, que me ayudase a descubrir mi mundo. Cuando tuve la conciencia de cuánto me atraía el arte, ya tenía 22 años; fue en un taller de barrio, y hasta con cierta casualidad. Al otro año empecé a estudiar en el Profesorado de Artes Visuales, y desde entonces, crece en mí, un hambre voraz por experimentar diferentes técnicas de producción, llevándome a realizar talleres y seminarios con diversos artistas y especialidades, una diplomatura y un posgrado en curso, posiblemente para decir siempre lo mismo, pero de manera diferente: que amo la vida.