Creo que aún no me he decidido por ningún camino en la vida. Pero me inclino hacia el arte y los oficios sensibles desde que era una niña y mi papá me enseñó a pintar en acuarelas y me compró un piano pequeño que toqué hasta los 11 años. Mi mamá me leyó cuentos todas las noches de mi infancia y mi abuela me dio clases de caligrafía y ortografía. Mi familia me acercó a la literatura y hace no mucho tiempo, un amigo que creyó en mis dibujos, me animó a ilustrar mis textos.

 

El proyecto de “Mar Violeta” empezó siendo solo una forma de expresión muy íntima que no compartía con nadie. Empecé a ilustrar fragmentos de viejos poemas, fragmentos de cuentos y textos que tenían muchísimo de mi vida y mis experiencias y encontré en mis dibujos una manera muy efectiva de dejar fluir mis emociones y sentirme en paz conmigo misma. Cuando me animé a mostrar mis ilustraciones vi que a las personas les gustaban y hasta se sentían identificadas con ellas, me animé a crear la cuenta de Instagram y la página de Facebook, me alegra sentir que puedo generar empatía con mi trabajo.

En cuanto a las técnicas, hago los dibujos a blanco y negro, con cuatro plumígrafos de distintos grosores. Después, escaneo los dibujos y cuando la firma va sobre negro, la pongo con photoshop, de resto no tienen mejoras digitales. Casi no dibujo con colores, pero cuando tengo tiempo pinto con acrílicos y muy rara vez con acuarelas.  No soy muy consciente de mis influencias, pero sé que vivo muy enamorada de las pinturas y los dibujos de Lucy Tejada, además la admiro mucho como artista y como mujer.

 

Me interesan las emociones auténticas, las personas transparentes, la ternura de los animales, la calma de la naturaleza, la adrenalina de los viajes, el lenguaje del arte, el amor de mi familia y la solidaridad de las mujeres que considero mis hermanas.

 

De los dibujos que más aprecio están: el que le hice a la gata de mis primas cuando murió, el perrito que debe aceptar que la tristeza es una parte de la vida y el león llorón que dibujé para el cubículo de un compañero que me vio llorar en el trabajo. Todos nacieron de grandes tristezas y grandes amores que tuve y tengo en mi vida. Me considero una mujer alegre, pero me cuesta trabajo materializar mi alegría en dibujos o textos, suelo expresarme con mayor facilidad cuando estoy triste o en algún momento de hipersensibilidad.

 

Mi nombre es Violeta del Mar, mis papás me pusieron así pensando en la valentía de Violeta Parra y en los años que mi padre, Oscar Olarte, le dedicó al pacífico colombiano. Mi padre es antropólogo dedicado a la literatura, mi madre trabajadora social dedicada a la educación y mi abuela, lo más bello de mi vida, fue profesora durante 50 años. Viví en Cali desde abril de 1995 hasta diciembre del 2016. Ahora estoy viviendo en Bogotá pero no sé por cuánto tiempo, nunca hago planes, no tengo métodos, improviso en casi todas las áreas de mi vida. Empecé estudiando Cine pero luego me cambié a Comunicación Social porque decidí que lo que quería era dedicarme a la escritura y al lenguaje en general. Estoy muy agradecida con todo lo que aprendí en ambas carreras, la primera me hizo más creativa y sensible, y la segunda me acercó más a las personas y a las diferentes formas de ver el mundo.   @marvioleta