Subiendo la montaña encontré una casa. Un misterio entre flores. La niebla se había ido trasformando en una oscura fosa e intenté pensar con claridad. Decidí levantar allí un refugio. La vegetación nunca llegó a molestarme. Me reconfortaba estar a salvo, en la espesura. El día seguía su curso imparable, y con ello llegó la oscuridad.

El cambuche se convirtió en mi hogar, y esa noche soñé lo inimaginable.